EL ENCUENTRO DE MARCE CON LOBITO (2a. PARTE) |
NOTAS:
1.- Ante la carencia de material fotográfico que ilustre el presente escrito, remito a mis cuatro lectores a los respectivos avatares de los personajes que aquí son mencionados. .
2.- Para hacer más sugestivo y realista el ambiente de esta lectura exhorto, a quien tenga a bien el leer esta reseña, escuchar la música señalada a lo largo del relato.
2.- Lobito acepta todo tipo de críticas incluso mentadas de madre y otras lindezas de ese tipo. Lo que tengan a bien comentar es bien recibido pues todo juicio o comentario, recibido con la pertinente humildad, es beneficioso y permite mejorar.
Por su atención, gracias.
CAPÍTULO 2
Llegaron al sexto piso, el tipo mirando todo el camino las opulentas nalgas que parecían hacerle guiños llamándolo aviesamente y él dejándose atrapar con complacencia. Así que, los dos cachondos personajes de esta historia, con los ánimos caldeados y listos para entrar en acción se dirigieron hacia el departamento marcado como… hmmm… pero, pensándolo bien, dejemos que sea el propio Lobito de marras quien prosiga con la narración y cedámosle la palabra…
* * *
Traspusimos el umbral del apartamento marcado como G-69…, mi acogedora morada, mi cabaña…, en el preciso momento en que escuchamos un estruendo proveniente del cielo y pudimos ver, a través de una ventana el resplandor de los relámpagos iluminar el oscurecido cielo como incandescentes fuegos de artificio y, a continuación, el estrépito que las gruesas gotas hacían al estrellarse violentamente contra los cristales. Ella, instintivamente, acercó su voluptuoso cuerpo al mío buscando cobijo y seguridad; la tomé por el diminuto talle sintiendo sus redondeces traseras adheridas a mi enardecida polla que formaba ya un bulto que pugnaba por liberarse del estorboso pantalón.
A continuación, la conduje hacia la salita donde la invité a sentarse después de tranquilizarla y endulzarle el oído con palabras tiernas diciéndole que estábamos a salvo en mi guarida y que, a mi lado nada malo podía pasarle pues me encargaría de cuidarla, mimarla y ponerla a salvo de la tormenta que azotaba afuera a la gran ciudad… más no de la tormenta amorosa que se avecinaba entrambos la cual sería digna de recordarse a través de los tiempos.
Sin molestarse por mis alardes de buen amante, al contrario, acurrucándose junto a mí como una gatita en celo, preguntó la desvergonzada criatura:
- ¿Estás seguro de que será algo que valdrá la pena guardar en la memoria?- a lo cual yo contesté, esbozando una sonrisa:
- Estoy tan seguro que ahora sí tendrás algo qué contarle a tus nietos, preciosa- Marce emitió su cantarina y contagiosa risa que hizo subir un nivel mi gusto por estar al lado suyo.
Mientras la pertinaz lluvia se encargaba de lavar la ciudad yo me di a la agradable tarea de desembarazarla del lindo saco con que iba vestida, quedando sólo con una vaporosa blusa que dejaba traslucir un primoroso sostén que cubría a medias dos tetazas de extraordinaria manufactura que más adelante describiré, íntegra y minuciosamente, para solaz de mis cuatro lectores. Yo la imité dejando el saco en el correspondiente perchero. La luz era tenue tal como el momento lo requería y, rápidamente, inundé la atmósfera con música suave y delicada al tiempo que le ofrecía algo de tomar. Ella eligió una margarita que, inmediata y solícitamente, preparé con el mejor tequila reposado de que disponía. Yo me serví un whisky en las rocas y, con las bebidas en las manos regresé donde ella y brindamos, no recuerdo por qué, pues estaba embebido en la contemplación de tan hermosos ojos color de la miel y del rostro angelical de suaves y hermosas facciones que, por sí solas, eran capaces de animar al hombre más tímido a emprender el asedio a tan singular beldad. La boca era otro motivo de exaltación ya que sus suculentos labios, rojos como la sangre, y tan soberbiamente dibujados invitaban a libar la dulzura que de ellos parecía manar.
Recuerdo bien que bebimos varias copas, mirándonos arrobados a los ojos y diciéndonos las más bellas sandeces y cursilerías que el ardor nos hacían pronunciar, antes de que le ofreciera mi mano para invitarla a bailar la cadenciosa pieza de música que sonaba en ese momento…
http://www.youtube.com/watch?v=8_z4t_JRio4
When a man loves a woman
Can’t keep his mind on nothing else
He’ll trade the world for the good thing he’s found
If she’s bad he can’t see it
She can do no wrong
Turn his back on his best friend if he put her down.
When a man loves a woman
Spend his very last time tryin’ to hold on to what he needs
He’d give up all his comfort, sleep out in the rain
If she said that´s the way it ought to be…
…ella accedió con una sonrisa pícara en su bello semblante que se hallaba encendido gracias al delicioso licor que había paladeado y que, indudablemente, estaría haciendo su cálido efecto en su encantadora cabecita, ya que, otro tanto estaba haciendo en la mía el que a mi vez había ingerido, pues me sentía abrasado por dentro y como flotando entre nubes, tan agradables eran los efectos que el embriagador vino hacían en mí.
La tomé diestramente por la breve cintura y acerqué mi incendiado cuerpo al de ella sintiendo un placentero estremecimiento al todavía leve contacto en que nos hallábamos. Pude sentir, al acercarla más a mí, las fuertes y gruesas piernas contra las mías moviéndose al suave ritmo de la música, así como los firmes y duros senos apretados contra mi pecho provocando, con este enloquecedor roce, que mi pene se llenara de sangre y engrosara amenazando, al punto, su incitante entrepierna y, entonces, recorriendo su espalda con mis voraces manos, anduve la suave curva desde su nuca hasta la cintura y más allá... ella me dejó hacer y yo, aceptando la tácita invitación, sin dejar de moverme al compás de las notas musicales, la estreché con firmeza acercando mis labios a su carnosa boca…
Well, this man loves a woman
I gave you everything I had
Tryin’ to hold on to your precious love
Baby… baby please don’t treat me bad.
When a man loves a woman
Down deep in his soul
She can bring him such misery
If she plays him for a fool,
He´s the last one to know
Lovin’ eyes don´t ever see.
…estábamos en la misma sintonía pues ella, al sentir mis labios contra los suyos, correspondió inmediatamente introduciendo su ardiente y húmeda lengua en mi boca atrayéndome hacia sí con inusitada fuerza. Nos besamos de tal manera que me es difícil poner por escrito las sensaciones que nos embargaban en esos arrebatados instantes… nuestras lenguas se entrelazaron, se curvaron, se agitaron moviéndose a uno y otro lado de nuestras bocas buscándose, enredándose y propagando sensaciones voluptuosas que llegaban en oleadas hasta los últimos rincones de nuestros cuerpos. Le besé sus labios, su mentón, sus suaves mejillas, los lóbulos de sus orejas, su cuello y… volví a su boca una y otra vez. Nos deleitamos así un tiempo largo e indeterminado a la vez que restregábamos nuestros cuerpos uno contra el otro en febriles efluvios de pasión y sensualidad. Está por demás decir que nuestros sexos jugaban un papel principal al rozarse y friccionarse, en movimientos convulsivos y al ritmo incesante de la música, que reclamaban una acción más rigurosa que no demoraría en llegar…
Yes, when a man loves a woman
I know exactly how he feels
´cause baby baby baby you’re my world.
When a man loves a woman…
La conduje, sin dejar de besarla, hacia el fondo de la estancia donde se ubicaba mi dormitorio pues siempre he preferido la comodidad de una blanda cama para hacerle el amor a una mujer aunque no desdeño otros sitios menos confortables sólo por el placer de cambiar el ambiente de vez en cuando. Las gotas de lluvia tamborileaban contra los cristales de la única ventana del aposento agregando una nota romántica al encuentro de estos dos seres indudablemente nacidos para follar. En el ínterin, la música seguía oyéndose en el sutil ambiente:
http://www.youtube.com/watch?v=zQF9kpwupeU&feature=player_embedded
Llegados a la cama me senté en ella mientras Marce, la zizera perversa, permanecía de pie frente a mí, completamente dueña de sí misma y sabedora de los terribles encantos con que la madre naturaleza la había dotado; y, con las piernas ligeramente separadas una de otra, parecía una diosa bajada del Olimpo para satisfacer los deseos carnales de los pobres mortales. Y, como yo soy un pobre mortal, aceptando con agrado el sacrificio de la diosa, comencé a desabrochar su blusa con mi mano diestra en tanto, con la izquierda, bajaba suavemente la cremallera de su falda que cayó al suelo dejando al alcance de mis manos, y de mi vista, una figura de mujer en sazón con sólo el sostén, las bragas, las medias negras de nylon, los sensuales ligueros y las zapatillas rojas de tacón alto que embellecían hasta la locura a la tierna y angelical dama. La dejé así unos momentos para disfrutar de la maravillosa vista que se ofrecía a mis ávidos ojos que no cesaban de recorrerla de arriba abajo y de abajo hacia arriba al tiempo que mis manos la exploraban sin dejar un palmo sin tocar.
Pegaba ansiosamente mi cara a su cálida y suave piel percibiendo, con deleite, cada tramo aunado esto al roce exquisito de los encajes de las lindas bragas rosas y el gracioso sostén de idéntico color y pasé mis manos tocando sus muslos y pantorrillas a través de las medias y el liguero negro proporcionándome estas texturas inefable satisfacción extática y estética que todos los conocedores del bien amar sabrán aquilatar en toda su magnitud. Tuvo a bien, mi bella compañera de juegos eróticos, regalarme las vistas que vinieron a mi mente febril y calenturienta: la pude observar de frente, de perfil, de espaldas, inclinada en varias posturas… en fin… no dejé nada a la imaginación y sí todo a la contemplación directa que enervó mis sentidos hasta el delirio. La tierna criatura de veintitantos años, estaba a mi disposición y ya era hora de hacer un trabajo hábil y meticuloso para satisfacer nuestras ya incontrolables pasiones.
Poniéndome en pie desanudé mi corbata lanzándola lejos mientras desabotonaba mi camisa que fue a parar al mismo lugar. La camiseta la dejé, tal cual, para que ella se encargara de quitarla con sus suaves y expertas manecitas. No se hizo del rogar, la niña, y; tomando por primera vez, la iniciativa, se inclinó y me rodeó con sus brazos acariciándome la espalda a la vez que me despojaba, lentamente, de dicha prenda sin dejar de lamer y besar mi marcado abdomen y mi amplio tórax deteniéndose allí largos minutos mientras yo gozaba con las caricias que me prodigaba efusivamente. No conforme con eso, se arrodilló y comenzó a desabrochar el cinturón que ceñía mi pantalón y, bajando hábilmente el zíper, descubrió mis extremidades inferiores que le hicieron emitir un gritito de gusto pues se dedicó entonces a recorrer con su húmeda lengua mis musculosas piernas en tanto acariciaba mis glúteos con ambas manos. Restregaba su cara en mi piel haciendo, con esto, que mi pene se engrosara y pugnara por liberarse de la prisión en que se había convertido mi trusa. Ella subía y bajaba a lo largo de mis piernas y, por un momento apoyó su mejilla en el abultado calzoncillo deteniéndose allí, arrobada, sintiendo a través de tal prenda el endurecido miembro que palpitaba frenéticamente al ritmo de mi agitado corazón… una armoniosa balada se dejaba escuchar e impregnaba el caldeado entorno al par del sutil murmullo de la ya apacible y fina lluvia que caía mansamente sobre la gran urbe…
http://www.youtube.com/watch?v=NEOem7U2LPE
Enseguida, tomé su cabeza con mis manos y, sosteniéndola entre ellas, permanecimos así por unos deliciosos instantes en que sentimos estremecer nuestros cuerpos de tal manera que agradables escalofríos recorrieron, en oleadas, toda la superficie de nuestra erizada piel. Poco después, la insté a levantarse y quedamos de pie uno junto al otro, casi desnudos…
La besé largo tiempo pues no dejaba de sentir la excitación de saborear su dulce boca y admirar su bello rostro. Ella sacaba su ondulante lengua y yo la atrapaba con mis labios apretándola dulcemente ente ellos, entonces ella la retiraba y la mía iba en busca dentro de su cálida boca y se entrelazaban ambas en un juego apasionante en que jugaban un papel muy importante nuestros cuerpos pegados uno contra el otro, sus adorables, enormes y duras tetas oprimidas contra mi pecho, sus muslos intercalados con los míos…, en fin… los dos cuerpos vibrando simultáneamente al compás de las lujuriosas caricias pues las manos de ambos se hallaban ocupadas masajeando lascivamente uno al otro.
Procedí, sin dejar de disfrutar de sus labios, a quitar el sujetador y sus bien formadas bubis quedaron en libertad desdeñando toda gravedad a pesar de su gran tamaño que debía ser, sin exagerar, más o menos como el de un par de melones pues tan voluminosas eran que no podía abarcarlas en su totalidad con la superficie de las palmas de mis manos. Los pezones, apreciados lectores, son motivo de una descripción aparte pues no eran ni grandes ni pequeños sino de un tamaño acorde a lo que coronaban y de un matiz apenas un poco más oscuro que los níveos globos y se hallaban erectos por la tremenda excitación que los dominaba, sumado todo esto a las sonrosadas areolas que, en conjunto, constituían un espectáculo tan digno de verse que deploro de verdad no poseer ni una miserable foto para compartirla y que serviría como muestra fehaciente de que lo que estoy diciendo no es mera y vulgar palabrería.
No puedo, ni debo, soslayar que la vista de aquellos dos atributos de la escultural mujer inflamó mis sentidos y, prestamente, dirigí mi atención a ellos inclinando mi torso para tenerlos al alcance de mi boca. Entonces, lamí con verdadera fruición, en toda su redondeada superficie una y otra de las firmes esferas de amor deleitándome con la suave textura que atenazaba con mis labios y, a veces, con mis dientes que rodeaban y mordisqueaban blandamente los erectos pezones que parecían a punto de estallar por la cantidad de sangre que la excitación hacía correr por las venas de la fogosa fémina. Es fácil imaginar la textura de los endurecidos botones al contacto con mi insaciable lengua y mis incansables labios pues ¿quién es aquél hombre que no ha tenido alguna vez en su boca unos deliciosos pezones firmes y erguidos? ¿Quién es aquél que ha sido privado, en esta vida, del placer de acariciar, besar y succionar unos firmes senos rematados por sus correspondientes capullos en flor que son la delicia de tantas fantasías, que afloran en nosotros, hombres plenos de imaginación? y no me refiero a la necesidad que tenemos de pequeños de ser alimentados por nuestras madres, no, lo digo por la urgencia que, de tanto en tanto, nos llega, como un torbellino, de tener entre nuestros labios una suave teta para lamerla y sentirla... Pero… prosigamos con el relato…
(Los acordes musicales seguían envolviendo el cálido ambiente en tanto la lluvia seguía afuera…)
http://www.youtube.com/watch?v=BDLxzDVYKgE
Como ella se aferrara a mi nuca atrayéndome y, dando así, plena aquiescencia a mis acciones, me incliné un poco más hasta quedar de rodillas frente a ella deslizando mi humedecida lengua por su liso, terso y casi marcado abdomen de arriba a abajo y de izquierda a derecha pasando por un ombligo tan sensual que me hizo dilapidar, con gusto, preciosos instantes en que nuestra excitación crecía al ritmo en que mi envarada polla palpitaba apresada todavía por mi calzoncillo.
Ahora mi cara estaba a la altura de su monte de Venus, cubierto aún por sus coquetas bragas rosas con ribetes de encaje y, respirando profundo, acerqué una de mis mejillas para sentir la tibieza, de parte tan íntima de aquella joven y exquisita mujer, que se propagaba a través de la delgada y perfumada tela que la envolvía como si fuese un regalo que ella trajera para mí en una fecha memorable de mi vida y que yo me hallaba presto a descubrir para regocijo de ambos. Como se comprenderá, no rechacé el magnífico obsequio y me di a la tarea de desenvolverlo con prontitud pues tal era el estado efervescente en que me encontraba.
Bajé, lentamente, las bragas, tirando suavemente con ambas manos apoyadas éstas en los costados de la pelvis de la ninfa descubriendo gradualmente el codiciado objeto de los más insanos deseos del hombre. Haciendo deliberadamente lento el proceso fui disfrutando de la vista de un monte de Venus apenas tapizado por un hermoso triángulo de suave, delgado y ensortijado vello del color del trigo en primavera, el cual, percibí con mi piel frotando mi cara en esa acogedora entrepierna e hincado ante la monumental hembra que ponía a mi entera disposición todo aquel caudal de belleza que estaba a punto de devorar y degustar, concienzudamente y sin desperdiciar un solo bocado por mínimo que éste fuese, pues ¿cómo contemplar tantos encantos sin experimentar un deseo violento de poseerlos?
Los calzones estaban a medio camino y la vista era espectacular con el liguero sujetando las medias de seda. Ella separó un poco sus fuertes piernas y, al hacerlo, las bragas quedaron suspendidas a la mitad de sus gruesos muslos dejando percibir los suaves pelos de su exquisito coño que sobresalían ahora sin su antigua prisión a la vez que sus carnosas nalgas quedaban medio expuestas y al aire. Me retiré un poco, embelesado, para solazarme con lo que mis ojos veían pero no por mucho tiempo pues, a continuación, me acerqué y metí una de mis manos en su entrepierna pudiendo sentir, al instante, el tacto de tales vellos suaves y ensortijados. Al principio sólo me contenté con rozar ligeramente con mis dedos los dulces rizos y sentir el fino pelambre abarcándolo con toda la palma de mi mano. Pude advertir, entonces, una humedad sospechosa al comprimir los vellos y sentir la carnosidad que formaba todo el conjunto del coño mismo, humedad reveladora de las emociones que abrumaban a la chica en esos críticos momentos. Separó un poco más sus piernas al sentir la mano invasora para darle cabida y, cerrando los ojos, se puso irremediablemente en las expertas manos del lobo.
http://www.youtube.com/watch?v=ZGoWtY_h4xo
Acaricié hábilmente los labios externos de la enardecida vulva y pude sentir, entre mis dedos, una protuberancia que se había agrandado, debido a la excitación, pareciendo que ésta, el clítoris, partía en dos la deliciosa raja pues tal era el tamaño de éste debido a la alta temperatura corporal de la impetuosa y pervertida Marce. Al rozar deliberadamente este punto, la bella emitió un sonoro gemido de placer en tanto su cuerpo se estremecía de pies a cabeza. Mis ardores no le iban a la zaga pues mi trusa estaba completamente henchida y mojada debido al líquido pre-seminal que en ella se iba depositando y mi cuerpo tiritaba mientras mis dedos jugueteaban con esa jugosa panocha que parecía invitarme a seguir adelante con tan deleitables escarceos amorosos. Mi mano siniestra no estaba, para nada, ociosa pues atenazaba las grandes y duras nalgas pasando de una a otra, alternadamente, dilatándose al pasar por en medio de ellas y sentir la tremenda separación de éstas, una y otra vez. Por ratos estrujaba una sola de ellas sintiendo la dureza y el gran tamaño entre mis dedos que parecían pinzas apretando la carne con cierta fuerza pero con medida para no hacer daño sino brindarle placer a la caliente mozuela.
Y vaya si lo estaba logrando pues, en este estadio de cosas, Marce destilaba jugo por su tierna y apetitosa rajita donde mi mano hurgaba, ya oprimiendo el suave botón de amor ya paseando mis dedos por la entrada de Venus y jugueteando lúbricamente con la ardorosa concha que, inflamada por el deseo se ofrecía para saciar mis más bajos instintos. A continuación deslicé completamente las coquetas bragas rosas hacia abajo y, con la colaboración de la tierna chiquilla, la dejé totalmente expuesta porque las medias, el liguero y las zapatillas quedaron solamente como accesorios que provocaban y aumentaban mi libido ya de natural exaltado.
Siempre he pensado que “el verdadero amante nunca tiene prisa en las lides del amor y la concupiscencia” tornándose este axioma en parte fundamental de la “filosofía del lobo” que tantas y tan excelentes satisfacciones sensuales me han dejado a lo largo de toda mi existencia como cazador y, como ni Marce ni este su servidor tenían apremio por llegar al final, tomé entre mis brazos a la despampanante hembra, la recosté muellemente en la blanda cama y mirando que el platillo estaba exquisitamente servido, me dispuse, con el ánimo de gran lobo sibarita, a degustarlo con auténtico placer…
CONTINUARÁ…
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1.- Ante la carencia de material fotográfico que ilustre el presente escrito, remito a mis cuatro lectores a los respectivos avatares de los personajes que aquí son mencionados. .
2.- Para hacer más sugestivo y realista el ambiente de esta lectura exhorto, a quien tenga a bien el leer esta reseña, escuchar la música señalada a lo largo del relato.
2.- Lobito acepta todo tipo de críticas incluso mentadas de madre y otras lindezas de ese tipo. Lo que tengan a bien comentar es bien recibido pues todo juicio o comentario, recibido con la pertinente humildad, es beneficioso y permite mejorar.
Por su atención, gracias.
CAPÍTULO 2
Llegaron al sexto piso, el tipo mirando todo el camino las opulentas nalgas que parecían hacerle guiños llamándolo aviesamente y él dejándose atrapar con complacencia. Así que, los dos cachondos personajes de esta historia, con los ánimos caldeados y listos para entrar en acción se dirigieron hacia el departamento marcado como… hmmm… pero, pensándolo bien, dejemos que sea el propio Lobito de marras quien prosiga con la narración y cedámosle la palabra…
* * *
Traspusimos el umbral del apartamento marcado como G-69…, mi acogedora morada, mi cabaña…, en el preciso momento en que escuchamos un estruendo proveniente del cielo y pudimos ver, a través de una ventana el resplandor de los relámpagos iluminar el oscurecido cielo como incandescentes fuegos de artificio y, a continuación, el estrépito que las gruesas gotas hacían al estrellarse violentamente contra los cristales. Ella, instintivamente, acercó su voluptuoso cuerpo al mío buscando cobijo y seguridad; la tomé por el diminuto talle sintiendo sus redondeces traseras adheridas a mi enardecida polla que formaba ya un bulto que pugnaba por liberarse del estorboso pantalón.
A continuación, la conduje hacia la salita donde la invité a sentarse después de tranquilizarla y endulzarle el oído con palabras tiernas diciéndole que estábamos a salvo en mi guarida y que, a mi lado nada malo podía pasarle pues me encargaría de cuidarla, mimarla y ponerla a salvo de la tormenta que azotaba afuera a la gran ciudad… más no de la tormenta amorosa que se avecinaba entrambos la cual sería digna de recordarse a través de los tiempos.
Sin molestarse por mis alardes de buen amante, al contrario, acurrucándose junto a mí como una gatita en celo, preguntó la desvergonzada criatura:
- ¿Estás seguro de que será algo que valdrá la pena guardar en la memoria?- a lo cual yo contesté, esbozando una sonrisa:
- Estoy tan seguro que ahora sí tendrás algo qué contarle a tus nietos, preciosa- Marce emitió su cantarina y contagiosa risa que hizo subir un nivel mi gusto por estar al lado suyo.
Mientras la pertinaz lluvia se encargaba de lavar la ciudad yo me di a la agradable tarea de desembarazarla del lindo saco con que iba vestida, quedando sólo con una vaporosa blusa que dejaba traslucir un primoroso sostén que cubría a medias dos tetazas de extraordinaria manufactura que más adelante describiré, íntegra y minuciosamente, para solaz de mis cuatro lectores. Yo la imité dejando el saco en el correspondiente perchero. La luz era tenue tal como el momento lo requería y, rápidamente, inundé la atmósfera con música suave y delicada al tiempo que le ofrecía algo de tomar. Ella eligió una margarita que, inmediata y solícitamente, preparé con el mejor tequila reposado de que disponía. Yo me serví un whisky en las rocas y, con las bebidas en las manos regresé donde ella y brindamos, no recuerdo por qué, pues estaba embebido en la contemplación de tan hermosos ojos color de la miel y del rostro angelical de suaves y hermosas facciones que, por sí solas, eran capaces de animar al hombre más tímido a emprender el asedio a tan singular beldad. La boca era otro motivo de exaltación ya que sus suculentos labios, rojos como la sangre, y tan soberbiamente dibujados invitaban a libar la dulzura que de ellos parecía manar.
Recuerdo bien que bebimos varias copas, mirándonos arrobados a los ojos y diciéndonos las más bellas sandeces y cursilerías que el ardor nos hacían pronunciar, antes de que le ofreciera mi mano para invitarla a bailar la cadenciosa pieza de música que sonaba en ese momento…
http://www.youtube.com/watch?v=8_z4t_JRio4
When a man loves a woman
Can’t keep his mind on nothing else
He’ll trade the world for the good thing he’s found
If she’s bad he can’t see it
She can do no wrong
Turn his back on his best friend if he put her down.
When a man loves a woman
Spend his very last time tryin’ to hold on to what he needs
He’d give up all his comfort, sleep out in the rain
If she said that´s the way it ought to be…
…ella accedió con una sonrisa pícara en su bello semblante que se hallaba encendido gracias al delicioso licor que había paladeado y que, indudablemente, estaría haciendo su cálido efecto en su encantadora cabecita, ya que, otro tanto estaba haciendo en la mía el que a mi vez había ingerido, pues me sentía abrasado por dentro y como flotando entre nubes, tan agradables eran los efectos que el embriagador vino hacían en mí.
La tomé diestramente por la breve cintura y acerqué mi incendiado cuerpo al de ella sintiendo un placentero estremecimiento al todavía leve contacto en que nos hallábamos. Pude sentir, al acercarla más a mí, las fuertes y gruesas piernas contra las mías moviéndose al suave ritmo de la música, así como los firmes y duros senos apretados contra mi pecho provocando, con este enloquecedor roce, que mi pene se llenara de sangre y engrosara amenazando, al punto, su incitante entrepierna y, entonces, recorriendo su espalda con mis voraces manos, anduve la suave curva desde su nuca hasta la cintura y más allá... ella me dejó hacer y yo, aceptando la tácita invitación, sin dejar de moverme al compás de las notas musicales, la estreché con firmeza acercando mis labios a su carnosa boca…
Well, this man loves a woman
I gave you everything I had
Tryin’ to hold on to your precious love
Baby… baby please don’t treat me bad.
When a man loves a woman
Down deep in his soul
She can bring him such misery
If she plays him for a fool,
He´s the last one to know
Lovin’ eyes don´t ever see.
…estábamos en la misma sintonía pues ella, al sentir mis labios contra los suyos, correspondió inmediatamente introduciendo su ardiente y húmeda lengua en mi boca atrayéndome hacia sí con inusitada fuerza. Nos besamos de tal manera que me es difícil poner por escrito las sensaciones que nos embargaban en esos arrebatados instantes… nuestras lenguas se entrelazaron, se curvaron, se agitaron moviéndose a uno y otro lado de nuestras bocas buscándose, enredándose y propagando sensaciones voluptuosas que llegaban en oleadas hasta los últimos rincones de nuestros cuerpos. Le besé sus labios, su mentón, sus suaves mejillas, los lóbulos de sus orejas, su cuello y… volví a su boca una y otra vez. Nos deleitamos así un tiempo largo e indeterminado a la vez que restregábamos nuestros cuerpos uno contra el otro en febriles efluvios de pasión y sensualidad. Está por demás decir que nuestros sexos jugaban un papel principal al rozarse y friccionarse, en movimientos convulsivos y al ritmo incesante de la música, que reclamaban una acción más rigurosa que no demoraría en llegar…
Yes, when a man loves a woman
I know exactly how he feels
´cause baby baby baby you’re my world.
When a man loves a woman…
La conduje, sin dejar de besarla, hacia el fondo de la estancia donde se ubicaba mi dormitorio pues siempre he preferido la comodidad de una blanda cama para hacerle el amor a una mujer aunque no desdeño otros sitios menos confortables sólo por el placer de cambiar el ambiente de vez en cuando. Las gotas de lluvia tamborileaban contra los cristales de la única ventana del aposento agregando una nota romántica al encuentro de estos dos seres indudablemente nacidos para follar. En el ínterin, la música seguía oyéndose en el sutil ambiente:
http://www.youtube.com/watch?v=zQF9kpwupeU&feature=player_embedded
Llegados a la cama me senté en ella mientras Marce, la zizera perversa, permanecía de pie frente a mí, completamente dueña de sí misma y sabedora de los terribles encantos con que la madre naturaleza la había dotado; y, con las piernas ligeramente separadas una de otra, parecía una diosa bajada del Olimpo para satisfacer los deseos carnales de los pobres mortales. Y, como yo soy un pobre mortal, aceptando con agrado el sacrificio de la diosa, comencé a desabrochar su blusa con mi mano diestra en tanto, con la izquierda, bajaba suavemente la cremallera de su falda que cayó al suelo dejando al alcance de mis manos, y de mi vista, una figura de mujer en sazón con sólo el sostén, las bragas, las medias negras de nylon, los sensuales ligueros y las zapatillas rojas de tacón alto que embellecían hasta la locura a la tierna y angelical dama. La dejé así unos momentos para disfrutar de la maravillosa vista que se ofrecía a mis ávidos ojos que no cesaban de recorrerla de arriba abajo y de abajo hacia arriba al tiempo que mis manos la exploraban sin dejar un palmo sin tocar.
Pegaba ansiosamente mi cara a su cálida y suave piel percibiendo, con deleite, cada tramo aunado esto al roce exquisito de los encajes de las lindas bragas rosas y el gracioso sostén de idéntico color y pasé mis manos tocando sus muslos y pantorrillas a través de las medias y el liguero negro proporcionándome estas texturas inefable satisfacción extática y estética que todos los conocedores del bien amar sabrán aquilatar en toda su magnitud. Tuvo a bien, mi bella compañera de juegos eróticos, regalarme las vistas que vinieron a mi mente febril y calenturienta: la pude observar de frente, de perfil, de espaldas, inclinada en varias posturas… en fin… no dejé nada a la imaginación y sí todo a la contemplación directa que enervó mis sentidos hasta el delirio. La tierna criatura de veintitantos años, estaba a mi disposición y ya era hora de hacer un trabajo hábil y meticuloso para satisfacer nuestras ya incontrolables pasiones.
Poniéndome en pie desanudé mi corbata lanzándola lejos mientras desabotonaba mi camisa que fue a parar al mismo lugar. La camiseta la dejé, tal cual, para que ella se encargara de quitarla con sus suaves y expertas manecitas. No se hizo del rogar, la niña, y; tomando por primera vez, la iniciativa, se inclinó y me rodeó con sus brazos acariciándome la espalda a la vez que me despojaba, lentamente, de dicha prenda sin dejar de lamer y besar mi marcado abdomen y mi amplio tórax deteniéndose allí largos minutos mientras yo gozaba con las caricias que me prodigaba efusivamente. No conforme con eso, se arrodilló y comenzó a desabrochar el cinturón que ceñía mi pantalón y, bajando hábilmente el zíper, descubrió mis extremidades inferiores que le hicieron emitir un gritito de gusto pues se dedicó entonces a recorrer con su húmeda lengua mis musculosas piernas en tanto acariciaba mis glúteos con ambas manos. Restregaba su cara en mi piel haciendo, con esto, que mi pene se engrosara y pugnara por liberarse de la prisión en que se había convertido mi trusa. Ella subía y bajaba a lo largo de mis piernas y, por un momento apoyó su mejilla en el abultado calzoncillo deteniéndose allí, arrobada, sintiendo a través de tal prenda el endurecido miembro que palpitaba frenéticamente al ritmo de mi agitado corazón… una armoniosa balada se dejaba escuchar e impregnaba el caldeado entorno al par del sutil murmullo de la ya apacible y fina lluvia que caía mansamente sobre la gran urbe…
http://www.youtube.com/watch?v=NEOem7U2LPE
Enseguida, tomé su cabeza con mis manos y, sosteniéndola entre ellas, permanecimos así por unos deliciosos instantes en que sentimos estremecer nuestros cuerpos de tal manera que agradables escalofríos recorrieron, en oleadas, toda la superficie de nuestra erizada piel. Poco después, la insté a levantarse y quedamos de pie uno junto al otro, casi desnudos…
La besé largo tiempo pues no dejaba de sentir la excitación de saborear su dulce boca y admirar su bello rostro. Ella sacaba su ondulante lengua y yo la atrapaba con mis labios apretándola dulcemente ente ellos, entonces ella la retiraba y la mía iba en busca dentro de su cálida boca y se entrelazaban ambas en un juego apasionante en que jugaban un papel muy importante nuestros cuerpos pegados uno contra el otro, sus adorables, enormes y duras tetas oprimidas contra mi pecho, sus muslos intercalados con los míos…, en fin… los dos cuerpos vibrando simultáneamente al compás de las lujuriosas caricias pues las manos de ambos se hallaban ocupadas masajeando lascivamente uno al otro.
Procedí, sin dejar de disfrutar de sus labios, a quitar el sujetador y sus bien formadas bubis quedaron en libertad desdeñando toda gravedad a pesar de su gran tamaño que debía ser, sin exagerar, más o menos como el de un par de melones pues tan voluminosas eran que no podía abarcarlas en su totalidad con la superficie de las palmas de mis manos. Los pezones, apreciados lectores, son motivo de una descripción aparte pues no eran ni grandes ni pequeños sino de un tamaño acorde a lo que coronaban y de un matiz apenas un poco más oscuro que los níveos globos y se hallaban erectos por la tremenda excitación que los dominaba, sumado todo esto a las sonrosadas areolas que, en conjunto, constituían un espectáculo tan digno de verse que deploro de verdad no poseer ni una miserable foto para compartirla y que serviría como muestra fehaciente de que lo que estoy diciendo no es mera y vulgar palabrería.
No puedo, ni debo, soslayar que la vista de aquellos dos atributos de la escultural mujer inflamó mis sentidos y, prestamente, dirigí mi atención a ellos inclinando mi torso para tenerlos al alcance de mi boca. Entonces, lamí con verdadera fruición, en toda su redondeada superficie una y otra de las firmes esferas de amor deleitándome con la suave textura que atenazaba con mis labios y, a veces, con mis dientes que rodeaban y mordisqueaban blandamente los erectos pezones que parecían a punto de estallar por la cantidad de sangre que la excitación hacía correr por las venas de la fogosa fémina. Es fácil imaginar la textura de los endurecidos botones al contacto con mi insaciable lengua y mis incansables labios pues ¿quién es aquél hombre que no ha tenido alguna vez en su boca unos deliciosos pezones firmes y erguidos? ¿Quién es aquél que ha sido privado, en esta vida, del placer de acariciar, besar y succionar unos firmes senos rematados por sus correspondientes capullos en flor que son la delicia de tantas fantasías, que afloran en nosotros, hombres plenos de imaginación? y no me refiero a la necesidad que tenemos de pequeños de ser alimentados por nuestras madres, no, lo digo por la urgencia que, de tanto en tanto, nos llega, como un torbellino, de tener entre nuestros labios una suave teta para lamerla y sentirla... Pero… prosigamos con el relato…
(Los acordes musicales seguían envolviendo el cálido ambiente en tanto la lluvia seguía afuera…)
http://www.youtube.com/watch?v=BDLxzDVYKgE
Como ella se aferrara a mi nuca atrayéndome y, dando así, plena aquiescencia a mis acciones, me incliné un poco más hasta quedar de rodillas frente a ella deslizando mi humedecida lengua por su liso, terso y casi marcado abdomen de arriba a abajo y de izquierda a derecha pasando por un ombligo tan sensual que me hizo dilapidar, con gusto, preciosos instantes en que nuestra excitación crecía al ritmo en que mi envarada polla palpitaba apresada todavía por mi calzoncillo.
Ahora mi cara estaba a la altura de su monte de Venus, cubierto aún por sus coquetas bragas rosas con ribetes de encaje y, respirando profundo, acerqué una de mis mejillas para sentir la tibieza, de parte tan íntima de aquella joven y exquisita mujer, que se propagaba a través de la delgada y perfumada tela que la envolvía como si fuese un regalo que ella trajera para mí en una fecha memorable de mi vida y que yo me hallaba presto a descubrir para regocijo de ambos. Como se comprenderá, no rechacé el magnífico obsequio y me di a la tarea de desenvolverlo con prontitud pues tal era el estado efervescente en que me encontraba.
Bajé, lentamente, las bragas, tirando suavemente con ambas manos apoyadas éstas en los costados de la pelvis de la ninfa descubriendo gradualmente el codiciado objeto de los más insanos deseos del hombre. Haciendo deliberadamente lento el proceso fui disfrutando de la vista de un monte de Venus apenas tapizado por un hermoso triángulo de suave, delgado y ensortijado vello del color del trigo en primavera, el cual, percibí con mi piel frotando mi cara en esa acogedora entrepierna e hincado ante la monumental hembra que ponía a mi entera disposición todo aquel caudal de belleza que estaba a punto de devorar y degustar, concienzudamente y sin desperdiciar un solo bocado por mínimo que éste fuese, pues ¿cómo contemplar tantos encantos sin experimentar un deseo violento de poseerlos?
Los calzones estaban a medio camino y la vista era espectacular con el liguero sujetando las medias de seda. Ella separó un poco sus fuertes piernas y, al hacerlo, las bragas quedaron suspendidas a la mitad de sus gruesos muslos dejando percibir los suaves pelos de su exquisito coño que sobresalían ahora sin su antigua prisión a la vez que sus carnosas nalgas quedaban medio expuestas y al aire. Me retiré un poco, embelesado, para solazarme con lo que mis ojos veían pero no por mucho tiempo pues, a continuación, me acerqué y metí una de mis manos en su entrepierna pudiendo sentir, al instante, el tacto de tales vellos suaves y ensortijados. Al principio sólo me contenté con rozar ligeramente con mis dedos los dulces rizos y sentir el fino pelambre abarcándolo con toda la palma de mi mano. Pude advertir, entonces, una humedad sospechosa al comprimir los vellos y sentir la carnosidad que formaba todo el conjunto del coño mismo, humedad reveladora de las emociones que abrumaban a la chica en esos críticos momentos. Separó un poco más sus piernas al sentir la mano invasora para darle cabida y, cerrando los ojos, se puso irremediablemente en las expertas manos del lobo.
http://www.youtube.com/watch?v=ZGoWtY_h4xo
Acaricié hábilmente los labios externos de la enardecida vulva y pude sentir, entre mis dedos, una protuberancia que se había agrandado, debido a la excitación, pareciendo que ésta, el clítoris, partía en dos la deliciosa raja pues tal era el tamaño de éste debido a la alta temperatura corporal de la impetuosa y pervertida Marce. Al rozar deliberadamente este punto, la bella emitió un sonoro gemido de placer en tanto su cuerpo se estremecía de pies a cabeza. Mis ardores no le iban a la zaga pues mi trusa estaba completamente henchida y mojada debido al líquido pre-seminal que en ella se iba depositando y mi cuerpo tiritaba mientras mis dedos jugueteaban con esa jugosa panocha que parecía invitarme a seguir adelante con tan deleitables escarceos amorosos. Mi mano siniestra no estaba, para nada, ociosa pues atenazaba las grandes y duras nalgas pasando de una a otra, alternadamente, dilatándose al pasar por en medio de ellas y sentir la tremenda separación de éstas, una y otra vez. Por ratos estrujaba una sola de ellas sintiendo la dureza y el gran tamaño entre mis dedos que parecían pinzas apretando la carne con cierta fuerza pero con medida para no hacer daño sino brindarle placer a la caliente mozuela.
Y vaya si lo estaba logrando pues, en este estadio de cosas, Marce destilaba jugo por su tierna y apetitosa rajita donde mi mano hurgaba, ya oprimiendo el suave botón de amor ya paseando mis dedos por la entrada de Venus y jugueteando lúbricamente con la ardorosa concha que, inflamada por el deseo se ofrecía para saciar mis más bajos instintos. A continuación deslicé completamente las coquetas bragas rosas hacia abajo y, con la colaboración de la tierna chiquilla, la dejé totalmente expuesta porque las medias, el liguero y las zapatillas quedaron solamente como accesorios que provocaban y aumentaban mi libido ya de natural exaltado.
Siempre he pensado que “el verdadero amante nunca tiene prisa en las lides del amor y la concupiscencia” tornándose este axioma en parte fundamental de la “filosofía del lobo” que tantas y tan excelentes satisfacciones sensuales me han dejado a lo largo de toda mi existencia como cazador y, como ni Marce ni este su servidor tenían apremio por llegar al final, tomé entre mis brazos a la despampanante hembra, la recosté muellemente en la blanda cama y mirando que el platillo estaba exquisitamente servido, me dispuse, con el ánimo de gran lobo sibarita, a degustarlo con auténtico placer…
CONTINUARÁ…
Mandar a un amigo
5 marzo 2010
| 1. Autor: | Escrito: 05.03.2010 19:57 / Comentario:
"...por liberarse de la prisión en que se había convertido mi trusa"
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| 2. Autor: | Escrito: 05.03.2010 20:04 / Comentario:
"...lo que estoy diciendo ... es mera y vulgar palabrería."
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| 3. Autor: | Escrito: 05.03.2010 22:23 / Comentario:
en resumen,
la primera musica de fondo 1ª.-"soy una pervertida y me gusta" avergonzada criatura ??? 2ª.-empezaste tomando wiski a las rocas y terminas con los ¿efectos que el embriagador vino hacían en mí? 3ª.-siempre he preferido la comodidad de una blanda cama para hacerle el amor? |
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| 4. Autor: | Escrito: 05.03.2010 22:26 / Comentario:
y la famosa alfombra persa sinonimo de calientes encuentros amorosos??
4ª.-Los calzones estaban a medio camino, jajaja me acorde del avatar de panchi 5ª.-me acerqué y metí una de mis manos en su entrepierna pudiendo sentir una protuberancia que se había agrandado tal era el tamaño de éste, jaja |
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| 5. Autor: | Escrito: 05.03.2010 22:38 / Comentario:
recorda bien a cual entrepierna metiste tu mano,
no lo habras hecho a uno parecido al avatar de tornero, 6ª.-que paso lobo te extendiste mucho ¿por que? sera que el viagra no hizo efecto y tuviste que alargar la antesala del encuentro amoroso. 7ª.- tienes pasta de escritor |
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| 6. Autor: | Escrito: 06.03.2010 02:59 / Comentario:
LADRONDEGUANTEBLANCO
Tú dices: "lo que estoy diciendo es mera y vulgar palabrería" y la frase correcta, como está escrita, es: "lo que estoy diciendo no es mera y vulgar palabrería". |
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| 7. Autor: | Escrito: 06.03.2010 03:06 / Comentario:
BICHAO
Del punto 1: no dice "avergonzada" sino "desvergonzada"; del punto 2: el vino, como tal, proviene de la uva y el whisky es obtenido a partir de cereales, sin embargo, según la Real Academia de la Lengua Española, por extensión, la palabra vino es sinónimo de alcohol, bebida, licor. |
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| 8. Autor: | Escrito: 06.03.2010 03:13 / Comentario:
Del punto 3: la famosa alfombra persa aparecerá en el tercer y último capítulo de esta tumultuosa historia, la cual, ya está escrita. No comas ansias
Del punto 4: desgraciadamente, en el momento de esa acción, yo también me acordé de PANCHITWO, pero me repuse y todo acabó, bien |
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| 9. Autor: | Escrito: 06.03.2010 03:18 / Comentario:
Del punto 5: el texto dice claramente "Acaricié hábilmente los labios externos de la enardecida vulva y pude sentir, entre mis dedos, una protuberancia que se había agrandado, debido a la excitación, pareciendo que ésta, el clítoris, partía en dos la deliciosa raja pues tal era el tamaño de éste..."
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| 10. Autor: | Escrito: 06.03.2010 03:31 / Comentario:
Así que no me quieras confundir, mi buen amigo BICHAO, pues menciono claramente el clítoris de la dama. En cuanto a TORNERO ¡cuidado! porque dicen en mi pueblo: "el que en pan piensa, hambre tiene" ja, ja ,ja no se te vaya a voltear el chirrión
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| 11. Autor: | Escrito: 06.03.2010 03:41 / Comentario:
Del punto 6: El último párrafo menciona esta máxima, a saber, “el verdadero amante nunca tiene prisa en las lides del amor y la concupiscencia”
Del punto 7: ¡GRACIAS! Se agradece el análisis |
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| 12. Autor: | Escrito: 06.03.2010 05:27 / Comentario:
Lobito
Pero trataba de hacer algo chistoso, como lo que hacen los reporteros. Es confuso Pero si escribes muy bien. |
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| 13. Autor: | Escrito: 06.03.2010 08:06 / Comentario:
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| 14. Autor: | Escrito: 08.03.2010 04:08 / Comentario:
lo que es yo ,de entradita le hubiera dado duro na mas, sin contemplacion
y hubiera recorrido su cuerpito, con esta lenguita que al nacer se me dio marcita yo no soy tan habil con el verso como lobin ,pero si con |
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| 15. Autor: | Escrito: 08.03.2010 04:10 / Comentario:
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| 16. Autor: | Escrito: 08.03.2010 04:19 / Comentario:
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| 17. Autor: | Escrito: 09.03.2010 03:30 / Comentario:
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| 18. Autor: | Escrito: 09.03.2010 03:31 / Comentario:
NO TE TARDES UN MES EN DAR LA TERCERA PARTE.... OK???????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????????'
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| 19. Autor: | Escrito: 10.03.2010 21:13 / Comentario:
vientos...lobito, yo tambien vi a marce el dia de su cumple la visite... solamente que yo no tuve tu suerte |
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| 20. Autor: | Escrito: 10.03.2010 21:26 / Comentario:
EXCELENTE QUERIDO LOBITO!!! NO SE TE HA ESCAPADO NI UN DETALLE!! |
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| 21. Autor: | Escrito: 11.03.2010 00:41 / Comentario:
Lobito ¡¡¡¡¡¡IDOLOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!
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| 22. Autor: | Escrito: 18.03.2010 21:47 / Comentario:
Lobito compadre: deja tu trabajo y dedícate a escribir, lo haces muy bien y tienes narrativa constante e interesante. de la historia solo te digo: "no chingues, yo al tenerla en el depa ahí mismo y sin preámbulo entre beso y beso su cuerpo y el mío serían uno solo. saludos amigo
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| 23. Autor: | Escrito: 18.03.2010 22:00 / Comentario:
BRAVO, FANTASTICO, ESTILO GARCIAMARQUIANO INCONFUNDIBLE.
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| 24. Autor: | Escrito: 25.03.2010 03:26 / Comentario:
manchas..marquezdesadiano querras decir
lobo, siendo una de tus cuatro lectores, me siento con la libertad de decirte que apesar de que la narracion de tu encuentro va de los mas fogosa y explicita, me gustaria que le pusieras unos toques de romanticismo al asunto..digo, si no es mucho pedir. tambien te digo que sigas con tus tonterias porque vaya que tienes talento para escribirlas.. saludos |
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| 25. Autor: | Escrito: 26.03.2010 07:06 / Comentario:
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| 26. Autor: | Escrito: 12.04.2010 07:40 / Comentario:
pura fantasia tuya na mas pulguiento mas reales son las cosas que yo le susurro cuando ta recostadita sobre su camita cuando hablamos
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| 27. Autor: | Escrito: 12.04.2010 07:41 / Comentario:
no una alfombra de pelos peluda y hedionda que asco
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| 28. Autor: | Escrito: 12.04.2010 07:42 / Comentario:
y no te olvides marcita de mi material fotografico en deuda
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| 29. Autor: | Escrito: 16.09.2010 08:49 / Comentario:
Q PES CON ESTE CHAVO
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