Mi fobia son las cucarachas. Es una de las fobias más comunes, del grupo de las entomofobias (miedo a los insectos) y, a falta de un nombre técnico para llamarla, yo mismo la bautizaré en esta sencilla ceremonia: blatofobia.

Una fobia es algo normal, fisiológico, siempre que no interfiera con la vida normal de la persona. ¡Pobre de aquél que tenga fobia a los políticos o a las empresas privatizadas! Por eso lo mío no es tan grave. Sólo odio y temo a esos pequeños insectos (bueno, no tan pequeños...). El temor, ya lo sé, proviene de la infancia, y no discrimina entre las diferentes especies. Si es una cucaracha, yo le temo.
Por suerte, la solución es simple: siguiendo al pie de la letra sus indicaciones, cualquier psicólogo congnitivo-conductista es capaz de hacerme superar el problema en 10 sesiones escasas.
Algún día, lo prometo, me dedicaré a ello.

Pero, dejando aparte mi fobia, nos quedan las cucarachas.
Parientes cercanas de las mantis (la famosa y feroz Mantis Religiosa, Ameles abjecta, nunca mejor colocado el nombre taxonómico), las cucarachas se clasifican en el Orden Dictyoptera ("alas reticulares" en griego), de la clase Insecta ("animales segmentados", en griego).
El oscuro objeto del miedo de más o menos 190 millones de personas no es en modo alguno un recién llegado a nuestro planeta: ya abundaban en las selvas tropicales de Pangea hace más de 250 millones de años, esto es, en el período Carbonífero. Esta circunstancia la convierte en el más antiguo de los insectos vivientes. Sabemos hoy que en el Carbonífero había más cucarachas que la suma de todos los otros insectos alados. Desde los oscuros, húmedos y cálidos pantanos y pluvisilvas de Pangea hasta la cocina de su casa o la mía, las malhadadas cucarachas han recorrido un camino comparativamente corto, en términos evolutivos: si yo le muestro a usted un fósil de cucaracha de 250 millones de años, las diferencias estructurales que muestra con respecto a las de hoy día son invisibles para cualquiera que no sea un especialista. Es evidente que, al igual que otros "fósiles vivientes" como el celacanto, los cocodrilos o los tiburones, el diseño original fue tan pero tan exitoso que la Madre Naturaleza no encontró razones para modificarlo en tantos millones de años.
Como aparecieron cuando los continentes estaban todos unidos, las cucarachas no necesitaron de barcos ni de balsas para colonizar todo el planeta. Les bastaron sus ágiles y espinosas patas para caminar de un polo al otro, tranquilamente. No en vano varias especies actuales llevan el nombre genérico Periplaneta, que significa "el que vagabundea por todas partes". En sentido no tan clásico, yo diría que el nombre puede también traducirse como "alrededor del mundo". Ambas afirmaciones son ciertas con respecto a las cucarachas.

Existen en la actualidad unas 3.500 especies de cucarachas, la mayoría de las cuales viven en ambientes cálidos, húmedos y tropicales. A poco que razonemos, comprenderemos que ése es, precisamente, el entorno que buscan cuando se aposentan en nuestras cocinas o dentro de los gabinetes de los motores de nuestras heladeras. Sin embargo, las cucarachas "amigas del hombre" son pocas frente a sus hermanas salvajes: solamente unas 100 especies frecuentan al extraño primate, y apenas 25 tienen status de "plaga". Suerte que tenemos, ¿no le parece?
La capacidad de supervivencia de las cucarachas es sencillamente asombrosa (los blatofóbicos leeremos "espantosa"). Para muestra basta un botón:
El sistema nervioso de la cucaracha está completamente repartido o "descentralizado" por todo el cuerpo, y este diseño es común en muchos insectos, a tal punto que los entomólogos dicen que los insectos "piensan con la periferia del cuerpo". Casi todos sus comportamientos instintivos están basados en el sistema nervioso periférico y, de este modo, muchas de sus conductas devienen más rápidas y eficientes que si tuvieran que ir hasta el ganglio cefálico principal (lo que llamaríamos "cerebro") y volver. La cucaracha, entonces, tiene tres ganglios cefálicos (cerebro, ganglio central y subesofágico), varios ganglios torácicos (T1, T2...) y varios otros abdominales (A1, A2...). Los abdominales controlan funciones como la reproducción, y los torácicos otros como el vuelo o la fuga. Si usted ha entrado alguna vez en su cocina y encendido la luz, habrá observado la pasmosa, inconcebible velocidad de los reflejos de la cucaracha, que la hace buscar refugio en la oscuridad bajo un mueble en minúsculas fracciones de segundo. ¿Cómo lo logra? Gracias a su descentralización nerviosa. Cerca de la cola la cucaracha posee unos sensores de luz, que, al detectar la claridad, envían una señal al ganglio abdominal distal (A6). En este hay tres neuronas gigantes, cuyos axones van, sin escalas, a los tres ganglios torácicos T1, T2 y T3 que controlan los tres pares de patas. En cuestiones de décimas de segundo, las patas llevarán al insecto a un lugar donde A6 no encuentre luz. Estará, entonces, en una grieta del piso o algo similar, y por lo tanto, fuera de su alcance y a salvo.

Las cucarachas han dominado la Tierra durante cientos de millones de años, y, como otros insectos, son capaces de hazañas increíbles, como por ejemplo la proeza de sobrevivir a tasas de radiación que son letales para otros organismos más evolucionados.
¿Por qué ocurre ello? Por la simple razón de que las células animales son absolutamente susceptibles a las radiaciones cuando la misma las sorprende en proceso de división. Ésta es la razón de que el cáncer se trate con radiación, porque los tejidos cancerosos tienen a sus células en permanente, frenética división, lo que los hace más susceptibles a la radioterapia que las células normales.

La vida de las cucarachas se basa en la muda de su piel (estrictamente, su exoesqueleto). Existe una regla llamada la Ley de Dyar que establece que los insectos —y también los artrópodos en general— doblan su peso en cada ciclo de muda. Esto significa que cada célula de su cuerpo se ha dividido sólo una vez en el tiempo que media entre una muda y otra. La cucaracha suele mudar de exoesqueleto una vez a la semana, pero una célula cualquiera de esa cucaracha estará en división sólo 48 horas dentro de esa semana, y en reposo reproductivo el resto de los días. Extendiendo esta cifra a una estadística grupal, ello vendrá a significar que solamente una cuarta parte de las cucarachas irradiadas tendrán células en reproducción, y los tres cuartos restantes no, en un momento dado. Tal afirmación se puede demostrar experimentalmente sometiendo grupos de cucarachas a intensas radiaciones gamma. Sólo la cuarta parte de la población irradiada morirá, mientras que las restantes seguirán su vida como si tal cosa. Es por ello que suele decirse que, en caso de una guerra nucelar o evento catastrófico similar, las cucarachas (junto con los demás insectos y artrópodos) heredarán la Tierra, para desdicha de nosotros los blatofóbicos. Los organismos superiores (Homo sapiens, por ejemplo) moriremos de inmediato, porque varios de nuestros tejidos más críticos, como la médula ósea, responsable de la producción de nuestra sangre y de nuestra respuesta inmunitaria, están en proceso de división todo el tiempo. No tenemos un "tiempo muerto" que nos permita ser inmunes a la radiación durante ciertos períodos.

Las costumbres alimenticias de las cucarachas también están orientadas a garantizar su supervivencia a cualquier costo: estamos hablando del más omnívoro de todos los omnívoros del mundo, capaz de alimentarse prácticamente de todo material o elemento a su alcance.
Las cucarachas comen sustancias en fermentación, ropa, cabello, cuero, papel tapiz, heces y, por supuesto, alimentos de consumo humano. Se han visto casos de niños mordidos por cucarachas, especialmente en el lóbulo de la oreja.
Si se les da a elegir, empero, preferirán siempre los carbohidratos antes que las proteínas o las grasas, porque aquellos son más energéticos. Algunas conductas inexplicables se resuelven a través de esta característica. ¿Quién no ha encontrado una cucaracha tras el empapelado, entre una pila de sobres o encima de la barra de jabón blanco en la cocina? Todos estos materiales (la goma del empapelado o el sobre, por ejemplo), contienen grandes cantidades de hidratos de carbono, lo que los convierte en irresistibles golosinas para los asquerosos blátidos.

Es difícil, además, matarlas de hambre: la privación de alimentos desata en sus cerebros un arco reflejo que concluye en la secreción de la hormona que provoca la muda. La cucaracha comienza entonces a cambiar la piel a ritmos dementes, y pasa el resto de su enclaustramiento devorando tranquilamente sus exoesqueletos viejos. Y, por supuesto, en caso de duda, sus benévolas naturalezas no les impiden devorarse salvajemente entre sí, a sus propias crías, madres y padres, ya que adscriben al viejo adagio que reza "mejor blátido caníbal que blátido muerto".

A pesar de que los ancestros de las cucarachas dominaron todo el mundo simplemente caminando, los medios de transporte modernos las ayudaron a viajar cuando los continentes se separaron: la universalidad actual de estos insectos tiene sólo unos 200 años, exactamente sincronizada con los grandes viajes comerciales que comenzaron a principio del siglo XIX

Bajaron de los barcos en América, y fueron tan audaces como para intentar colonizar, también, otros planetas. ¿No me cree? Hace mal. El comandante de la Apollo XII, Pete Conrad, mostró un hermoso ejemplar de cucaracha ante la cámara durante la conferencia de prensa que sostuvieron los tripulantes durante el viaje de regreso a la Tierra. Dijeron incluso que habían visto más de una, pero, tras una minuciosa inspección de la nave, nadie pudo encontrar otro ejemplar aparte del que estaba en poder de Conrad. La única explicación plausible es que el ansia colonizadora de los blátidos llevó a las demás a desembarcar en la Luna, obteniendo así una horrible muerte a cambio de sus desvelos por ampliar los horizontes de la especie

El ciclo vital de las cucarachas está, también, perfectamente adaptado a su extrema capacidad de supervivencia. Si bien las costumbres de cortejo varían de especie a especie, se pueden generalizar bastante. Daremos aquí como ejemplo a la cucaracha americana.
Llegada la época de cría, la hembra libera una feromona o mensajero químico oloroso que atrae a los machos, inclusive desde grandes distancias.
El macho agita sus alas y copula con las hembras, transfiriéndoles grandes cantidades de esperma. Éste es el comportamiento más típico. Sin embargo, algunas especies tienen conductas de apareamiento más elaboradas, que pueden incluir ruidos como los de los grillos. Algunas especies africana tienen elaboradas jerarquías sociales, y en ellas, por supuesto, las hembras prefieren para aparearse a los machos dominantes o alfa.
Las hembras colocan juntos a los huevos fertilizados de este modo y los adhieren entre sí mediante una especie de cemento, que al secar forma una cubierta compacta y dura, casi inmune a las mandíbulas de los depredadores, que contiene a los huevos en su interior. Esta estructura se llama ooteca. Lo que hacen las hembras con la ooteca también varía según la especie: la americana simplemente la abandona en un lugar que considera protegido, mientras que la Blatella germanica la mantiene dentro del ovopositor y la lleva consigo casi hasta el momento de la eclosión.

Las ootecas contienen entre 16 y 32 huevos, de los que, a su tiempo, saldrán las ninfas. Los ejemplares juveniles pasarán por toda una serie de metamorfosis parciales, llamadas instancias, separadas entre sí por una muda del exoesqueleto. Al principio las alas serán rudimentarias, y los juveniles se irán pareciendo más y más a sus mayores, pasando por las instancias que se numeran del 1 al 9) hasta convertirse en adultos voladores sexualmente activos (aquí corresponde aclarar que las cucarachas sólo son capaces de volar cuando la temperatura y la humedad ambiente se encuentran dentro de determinado rango, relativamente alto. No pueden hacerlo en ambientes fríos y secos).

Las hembras de algunas especies evidencian un raro (entre los insectos) instinto maternal, y llevan a sus ninfas con ellas, facilitándoles la alimentación y ayudándoles a huir de los predadores.
Al revés de otras especies, que son muy selectivas a la hora de albergar bacterias digestivas en sus intestinos, las cucarachas llevan simbiontes de muy diversa variedad. Es esto, en definitiva, lo que las capacita para ser prácticamente omnívoras absolutas. En consecuencia, han ocupado durante cientos de millones de años un importante y efectivo papel en el equilibrio de las especies, lo que explica su éxito y longevidad como grupo.

Conocidas, como se comprende, desde la más remota antigüedad, no es sorprendente que las cucarachas hayan sido utilizadas como remedio casero y aún académico por muchas culturas. Los boticarios de la antigua China recetaban cucarachas secas para tratar los problemas abdominales y digestivos. Hoy día se siguen vendiendo en las farmacias cinas de Taipei y también en el Barrio Chino de San Francisco.
Los médicos griegos recomendaban mezclar polvo de cucarachas con aceite de rosas (¿?) para que lo bebieran los enfermos de otitis.
La cucarachas desecadas se usaban como medicina para la pleuresía y la pericarditis en la Rusia Zarista, mientras que la edición 1907 del vademécum de Merck las inica como muy buenas para el Mal de Bright (una grave insuficiencia renal crónica). Así, podemos rastrear un insano uso de las cucarachas como agentes medicinales desde el New York Tribune en 1886 hasta el Manual Médico de Malasia en 1930. El célebre cantante y trompetista Louis Armstrong solía referir que durante toda su infancia se le administraban cucarachas para casi cualquier enfermedad.

Es un error. A pesar de que las cucarachas son uno de los animales más limpios que existen (pasan gran parte de su tiempo limpiándose y lamiéndose meticulosamente, como los gatos) la misma permisividad de su intestino hacia los microbios las convierte en peligrosísimos y mortíferos portadores de enfermedades.

En el tubo digestivo de cualquier cucaracha encontraremos toda clase de bacterias patógenas (salmonellas, estafilococos, estreptococos), y virus (poliovirus), y son capaces de transmitir y dispersar un enorme rango de enfermedades, que va desde la fiebre tifoidea hasta la poliomielitis, pasando por disentería, faringitis, amigdalitis, muerte fetal o perinatal, infecciones dérmicas, infecciones cardíacas, del recién nacido, del transplantado, del portador de HIV, meningitis y varios tipos de gastroenteritis. Como la cucaracha no ataca a los microorganismos que ingiere, estos pueden vivir meses y aún años en el interior del insecto, siendo eliminados por la materia fecal. El hombre se contagia al ingerir alimentos contaminados por las deposiciones del bicho.
Devienen lógicos, entonces, los esfuerzos para erradicar a las pocas especies que conviven con el ser humano.
Los métodos químicos probaron ser muy efectivos con el descubrimiento del DDT, pero, gradualmente, estos supervivientes natos se han ido volviendo resistentes. Se han intentado más tarde multitud de métodos de exterminio, incluyendo la esterilización masiva y los cebos venenosos perfumados con feromonas sexuales, que supuestamente llevarían a los machos a la muerte (muchas trampas domésticas que se venden comercialmente se basan en este principio). Sin embargo, tales intentos han probado ser ineficaces a gran escala.
Debemos conocer más acerca de la conducta del insecto para descubrir las mejores formas de pasarlos a mejor vida.

Las especies que infestan el hábitat humano en el hemisferio occidental son básicamente tres: la Blatta orientalis en el Viejo Mundo, y Periplaneta americana y Blatella germanica en el continente americano. Estas dos últimas, además, son las más conocidas en la Argentina. Usted podrá diferenciarlas fácilmente: americana es la cucaracha grande y marrón oscura, mientras que germanica es más pequeña y amarillenta, conocida como "cucaracha rubia

Las cucarachas, como hemos dicho, se alimentan primordialmente de desechos, por lo que mantener una escrupulosa higiene de cocinas, baños y patios es esencial. Si usted acostumbra guardar diarios, papeles o cartones apilados, no está haciendo más que obsequiar un "fast-food" a las cucarachas, ya que adoran comer esos materiales,
Una canilla que gotea es un bar al paso para los blátidos, porque se trata de animales que siempre están sedientos. Si usted tiene cuidado en reparar las pérdidas, cueritos de las canillas, etc., las cucarachas comenzarán a sentirse como camellos en el desierto, y se mudarán a otro sitio donde no sufran el tormento de la sed.
En efecto, las cucarachas se deshidratan a ritmos muy veloces, y lo único que las aísla de la pérdida de humedad es su exoesqueleto impermeable. Este Talón de Aquiles blátido ha permitido desarrollar un ingenioso método para pasarlas a valores: se espolvorea tierra de diatomeas (esas algas microscópicas que tienen una cubierta triangular y de bordes filosos, que se usa para pulir los dientes en nuestros dentífricos) por las zonas donde se han visto cucarachas. Como las diatomeas son abrasivas, el frotamiento de la quitina de las cucarachas contra las mismas va desgastando sus exoesqueletos, que pronto comenzarán a filtrar humedad, llevando al insecto a una rápida y espantosa muerte por deshidratación. La tierra de diatomeas tiene la gran ventaja de ser un método de exterminio rápido, fiable y no tóxico, por lo que es muy recomendable para proteger a sus mascotas, niños y plantas.
Las trampas comestibles tipo Cucatrap son también buenas si la cantidad de ejemplares a matar no es desmesurada, pero tienen el inconveniente de su costo relativamente alto. Como servicio a la comunidad, le paso la receta de una trampa casera tan efectiva como las comerciales: reparta por los sitios infectados varios frascos de vidrio con el interior aceitado o engrasado; ponga en el fondo de cada uno un poco de miel, y déjelos destapados al alcance de las cucarachas. Los insectos, que no pueden resistirse al alto contenido de azúcares de la miel industrial, treparán a los frascos y se introducirán en ellos. Luego de comer, no podrán salir, porque sus patas no encontrarán agarre sobre el vidrio aceitado del interior del frasco. De tal modo, como necesitan grandes cantidades de agua para metabolizar los hidratos de carbono, morirán de sed y usted será el feliz causante de un masivo y espantoso genocidio cucarachil.

Otra buena medida es revisar periódicamente bajo la heladera, las estufas y otros muebles y artefactos que producen calor y humedad, ambiente preferido de su enemiga la cucaracha. Revoque y repare las grietas y las fisuras de paredes y techos, que suelen oficiar de hoteles baratos y nurseries blátidas. Mantenga las plantas del jardín vigiladas y podadas, porque los bichos adoran las hojas muertas y los tallos y raíces podridos. Obvia pero no por ello menos
Importante es la necesidad de no acumular basura en la casa, de barrer todos los días y de mantener el ambiente libre de restos de alimentos, polvo y otros desechos.

La Humanidad ha luchado contra las cucarachas desde el inicio mismo de nuestra existencia, pero actitudes raras siempre ha habido y las habrá.
Aunque para un fóbico como quien les habla esto sea incomprensible (por no decir directamente insano), hay dos especies de cucarachas que se comercializan y mantienen como mascotas en terrarios y peceras: la cucaracha silbadora de Madagascar y la cucaracha gigante brasileña.
Sobre gustos no hay nada escrito...

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23 septiembre 2008